Rezando con los Refugiados en Bélgica: la calma después de la tormenta
25 septiembre 2014

Mariam disfrutó del tiempo que pasó con su nieto en su casa en Amberes, Bélgica, antes de ser detenida a la espera de ser deportada a Georgia, (Servicio Jesuita a Refugiados).
Dijo que seis policías habían ido a su casa a llevársela como si fuera una criminal que pudiera escapar.
Brujas, 1 de octubre de 2014 - Los centros de detención son lugares donde a menudo estallan tempestades, especialmente en el espíritu de los ansiosos, enojados y estresados detenidos. Se sienten abrumados, como si se ahogaran. Sin embargo, en medio de estas oscuras tormentas, de repente, algo parece cambiar. Es difícil identificar exactamente qué, pero algo les cambia su perspectiva, llama su atención a elementos casi perdidos en la tempestad. Podría ser que Dios está obrando.

Fui testigo de este tipo de cambios repentinos durante las conversaciones que mantuve con Mariam*, una mujer de 73 años de edad, de la ex república soviética de Georgia, a quien acompañé durante cinco meses en el centro de detención de Brujas, en el noroeste de Bélgica.

Un día, cuando visité el centro, de entre las 30 mujeres sentadas en la sala de estar, me fije en Mariam*. Me llamó la atención su edad. Su bastón revelaba que tenía dificultades para caminar. Me acerqué a ella y me presenté como trabajadora del Servicio Jesuita a Refugiados. Le hizo ilusión contarme su historia.

Sus primeras frases eran difíciles de entender. Hablaba ruso con un fuerte acento georgiano. La historia era confusa y sobrecargada de sentimiento: muchas lágrimas y también rabia, en particular cuando describió el momento de su detención.

Dijo que seis policías habían ido a su casa a llevársela como si fuera una criminal que pudiera escapar. Pero, ¿a dónde iba a huir? Su único deseo era permanecer con su hija y su nieto belga.

Después de nuestra charla, yo no sabía que esta iba a ser la primera de muchas otras. Mientras hablaba sobre su difícil vida y la de su hija, podía leer la desesperación y la impotencia en sus ojos.

Su hija se había casado con una belga que se había suicidado poco después de la boda. Después de años de depresión, conoció a otro hombre con el que tuvo un hijo, pero que la dejó poco después del nacimiento. En cuanto a Mariam, llegó a Bélgica huyendo de la guerra en Osetia del Sur, y, por supuesto, porque quería mantener a su hija y a su nieto.

Después de haber agotado todos los procedimientos administrativos para permanecer en Bélgica, ahora la iban deportar a Georgia. Ni una sola reunión con Mariam pasó sin que ella rompiera a  llorar. Cuando lo hacía, todo su dolor y sufrimiento interno se reflejaban en su expresivo rostro.

Solía dejar que llorase todo lo que necesitara. De repente, ella iba a ser consciente de la amabilidad del personal del centro, de los voluntarios del JRS, y de lo profesionales que eran sus abogados.

* Nombre cambiado para proteger su identidad.



Reflections for Prayer
A menudo me sorprendía la potencia de estos cambios repentinos. ¿Cómo era posible que en medio de este dolor profundo y aparentemente interminable, algo más fuerte que ella la ayudara a superar esta oscuridad y traerla de vuelta a la vida? Cada vez que el viento amainaba, ella estaba totalmente en calma de nuevo.

Nathalie Salazar Medina, JRS Bélgica